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Dr. Juan de J. Llibre Rodríguez, Lic. Julia García
Capote, y Dra. Milagros A. Guerra Hernández
RESUMEN
La investigación en pacientes con enfermedad
de Alzheimer da lugar a cuestiones éticas y legales difíciles,
a causa, entre otros factores, del deterioro cognoscitivo que presentan
estos enfermos. Las principales fuentes de conflicto ético en esta
enfermedad pueden ubicarse en la investigación y los ensayos clínicos,
el diagnóstico, la relación médico-paciente y la
asesoría legal. El conocimiento por los médicos e investigadores
de los princios éticos de autonomía, la no maleficiencia,
beneficiencia, la veracidad, la justicia y la confidencialidad, son herramientas
útiles en la práctica diaria. En el presente trabajo se
hace referencia a estos principios éticos y su interacción
en la enfermedad de Azheimer.
Descriptores DeCS: ENFERMEDAD DE ALZHEIMER; ETICA MEDICA;
INVESTIGACION; RELACIONES MEDICO-PACIENTE; DIAGNOSTICO; RESPONSABILIDAD
LEGAL.
El término demencia denota un síndrome
caracterizado por una declinación progresiva de las funciones mentales
(memoria, orientación, razonamiento, juicio y otras), producida
por diversos tipos de lesiones orgánicas del cerebro, con suficiente
severidad para que afecte el normal desenvolvimiento del paciente en la
sociedad o en la familia.
Es conocido que los estudios de prevalencia realizados
en países desarrollados, indican que entre el 4 y el 5 % de las
personas mayores de 65 años tienen una demencia con marcada incapacidad
mental y que las formas comenzantes o ligeras hacen ascender la cifra
hasta 10 a 15 %.
Los trabajos más recientes registran más
de 60 afecciones capaces de causar un síndrome demencial. La enfermedad
de Alzheimer (EA) es la más frecuente, ya que causa del 50 al 60
% de los casos. Le sigue en frecuencia la demencia vascular con un 10
a 15 %, y la combinación de ambos procesos, que puede llegar a
un 20 %. Entre el 10 y el 15 %, correspondería a las restantes
causas de demencias, algunas de ellas potencialmente curables, y en el
5 % su causa no puede precisarse después de estudios post-mortem
completos.
Si la prolongación de la esperanza de vida es
uno de los mayores logros de la Medicina de nuestro siglo, la enfermedad
de Alzheimer (EA) representa su frustración más trágica,
por cuanto su incidencia se duplica cada 5 años, según los
grupos de edad, al punto que aproximadamente el 45 % de las personas de
85 años o más padecen la enfermedad. Esta enfermedad devastadora
para las víctimas y sus familias ha sido reconocida como la "enfermedad
del siglo".
En el mundo, aproximadamente 22 millones de personas
padecen de EA. Su impacto es tal que en los Estados Unidos de Norteamérica
se calcula que entre 3 y 4 millones de personas la padecen y según
distintas proyecciones el número de afectados crecerá hasta
13 millones en un plazo de 10 años. Es la tercera enfermedad en
costos sociales y económicos, superada sólo por la cardiopatía
isquémica y el cáncer. El costo total en dicho país
ha sido estimado en 100 billones por año, sin tener en cuenta la
pérdida de la productividad ocupacional, en aquellos casos de inicio
más temprano.
En Cuba la prevalencia oscila entre 7,76 y 14,96 % (Llibre
Rodríguez J. Comportamiento demográfico clínico y
del diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer. [Tesis de Dr. en
C.M.] C. Habana, 1998). De acuerdo con esto se estima que aproximadamente
85 000 personas de 60 o más años padecerán de demencia
y EA. Aproximadamente el 40 % de los pacientes internados en hogares de
ancianos padecen una EA, cifra que internacionalmente se ha reportado
entre el 50 y el 65 %.
La EA produce una disminución en la expectativa
de vida, siendo considerada por sus complicaciones la cuarta causa de
muerte, y el mayor peso de este serio problema médico, social y
económico, recae en los cuidadores.
Las principales fuentes de conflicto ético en
esta enfermedad pueden centrarse en los puntos siguientes:
- La investigación clínica.
- El diagnóstico.
- La relación médico-paciente y su entorno familiar
y social.
- La asesoría legal.
INVESTIGACIÓN EN
LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER
La investigación en pacientes con EA da lugar
a cuestiones éticas y legales difíciles, a causa, fundamentalmente,
del deterioro cognoscitivo que presentan estos enfermos. La perspectiva
en el mundo actual de aumentar la participación en la investigación
de personas vivas, dementes, obliga a proteger los derechos humanos y
la salud de éstos.
La toma de una decisión en la práctica
clínica y en la investigación de la EA, se ve facilitada,
además, cuando se conocen los principios éticos que deben
animar a todo profesional en su práctica diaria. Estos principios
incluyen la no maleficiencia, la autonomía, la beneficiencia, la
veracidad, la justicia y la confidencialidad (Colegio Médico Americano,
1992).
Veamos a qué se refiere cada uno de estos principios
y en qué forma se imbrican en la investigación de la EA.
Autonomía: la capacidad o el derecho de una persona
a decidir por ella misma.
Beneficiencia: principio de la bioética, según
el cual se debe tratar a las personas protegiéndolas de daños
y promoviendo su bienestar, lo que implica maximizar el beneficio y minimizar
el riesgo.
No maleficiencia: este principio implica no dañar,
no hacer nada perjudicial para el enfermo.
Justicia: principio ético que obliga a tratar
a las personas como seres autónomos, así como a proteger
y respetar a las personas con autonomía disminuida.
Dos principios no incluidos inicialmente en el llamado
Informe Belmont, son la confidencialidad (el derecho del paciente a que
su información sea respetada, y la veracidad (decir la verdad).
El respeto de las capacidades de los sujetos y por consiguiente
la autonomía de éstos, constituye uno de los aspectos fundamentales
que se deben considerar. La enfermedad de Alzheimer destruye progresivamente
las capacidades congoscitivas de una persona incluyendo la memoria y el
discernimiento, lo que trae como resultado final una pérdida de
todas las capacidades que permiten tomar una decisión. Por tanto,
es de importancia crucial la evaluación exacta de la capacidad
de un sujeto candidato a la investigación para conocer si es apto
mentalmente para dar su consentimiento por escrito como objeto de estudio.
En la actualidad no se ha establecido un instrumento uniforme que permita
evaluar la competencia del enfermo en tal sentido.
El consentimiento informado es el procedimiento formal
para aplicar el principio de autonomía. Debe reunir por lo menos
3 elementos: voluntariedad, información y comprensión, que
depende lógicamente de la competencia de quien la recibe. La voluntariedad
implica que los pacientes pueden decidir si quieren participar en un estudio,
sin que haya persuasión, manipulación ni coerción.
Esto es, un médico que se encarga de la atención de un paciente
demente, puede ejercer presión para que éste participe en
un protocolo de investigación conducido por él, o en el
cual tiene intereses precisos.
La información debe ser comprensible y debe incluir
los objetivos del estudio y su procedimiento, los beneficios y riesgos
potenciales y la posibilidad de retirarse del estudio en cualquier momento.
La presencia de demencia o EA no inhabilita para dar el consentimiento
o negarlo. Se deben respetar los derechos humanos y por tanto la autonomía
de los pacientes.
Cuando se ha determinado cuidadosamente que el paciente no es competente
para proporcionar su consentimiento por escrito, un sustituto idóneo
debe tomar las decisiones relacionadas con la participación en
la investigación. Se debe de solicitar el consentimiento por escrito
tanto del sujeto que padece la EA, como del tutor, proceso que recibe
el nombre de "doble consentimiento por escrito en el informe legal",
lo cual consideramos debe realizarse siempre, aunque se asuma la competencia
mental del paciente. Como se ha reconocido, este proceso respetará
la autonomía y la dignidad del enfermo, así como solicitará
la cooperación de su sustituto legal, preferiblemente los familiares
más cercanos. Ellos constituyen la unidad social más responsable
para atender a una persona con EA.
Existen múltiples situaciones en las que el principio
de la no maleficiencia es violado. Uno de los que se comete con mayor
frecuencia, es la realización de un ensayo clínico cuyos
resultados carecerán de validez científica, porque la hipótesis
no sea plausible o porque el diseño no es metodológicamente
correcto. Lo anterior ocurre en ocasiones por desconocimiento de los principios
éticos y por la premura en buscar mejoría en los pacientes
con EA. No obstante, es absolutamente condenable, que ensayos clínicos
poco rigurosos puedan dar esperanzas no fundadas a los pacientes que padecen
esta devastadora enfermedad, a sus familiares y a los propios médicos.
Si bien en la inmensa mayoría de los casos, se deben a diferencias
en los criterios de inclusión de los pacientes, al diseño
de las investigaciones y a la forma de evaluar la respuesta y de cuantificar
el criterio de mejoría observado. Más de 200 fármacos
se han utilizado en ensayos clínicos de esta enfermedad, con resultados
prometedores en un inicio y que la práctica ulterior demostró
sus resultados cuestionables. Con excepción de la tetrahidroaminoacridina
(Cognex o Tacrine), aprobada por la FDA, en septiembre de 1993, y de otros
fármacos de empleo más reciente, para el tratamiento de
las formas ligeras a moderadas de EA, pocos son los fármacos que
han corrido tal suerte. Aún así, los resultados de esta
droga son modestos como internacionalmente ha sido reconocido, y sus efectos
indeseables no son despreciables.
En ocasiones, los patrocinadores de las industrias y
consorcios farmacéuticos, estimulan de diversas formas a los investigadores
involucrados en ensayos clínicos con obsequios, publicaciones,
presentaciones en eventos internacionales y otras actividades cuyo prejuicio
potencial ha sido más dificil de demostrar, si bien existe un convenio
universalmente reconocido de que factores comerciales no deben inlfuir
en la toma de decisión clínica. En tal sentido, el Colegio
Médico Americano, en 1990, se pronunció de la siguiente
forma: "los médicos que participan en prácticas basadas
en ensayos con medicamentos deberían conducir sus actividades acorde
con los principios básicos adoptados en la metodología científica".
Los investigadores deben esforzarse por reducir al mínimo los riesgos
y el daño potencial a los participantes y elevar hasta el máximo
posible los beneficios (principio de beneficiencia). Relacionado con este
principio es el conflicto en la decisión del investigador entre
estimular a un sujeto a participar en un protocolo investigativo experimental
sin discutir la opción de tomar un medicamento que haya sido aprobado,
y que podría producir algún alivio de los síntomas
de la EA. En todas las circunstancias es crucial, el carácter moral
de los investigadores, para enfrentar estos conflictos (principio de la
justicia). La creación de los Comités de Evaluación
y ética, para el análisis y aprobación de las investigaciones
que puedan implicar algún riesgo para los pacientes con EA, debe
constituir un paso importante. Se tratará de prestar atención
a la obtención de la aclaración necesaria con respecto al
tipo de riesgo potencial (físico, psicológico, económico
y social, incluyendo el impacto sobre la familia), la magnitud del riesgo
y su probabilidad.
Relacionado con el principio de la justicia, es el planteamiento
de que la población o el universo, que se incluye en investigaciones,
sea lo más homogénea posible. Debido a que la EA y los trastornos
relacionados pueden afectar personas de distinto sexo, nivel socioeconómico,
nivel de educación, grupo étnico, raza o estado legal, la
investigación en la EA tiene que reflejar obligatoriamente esta
diversidad (panel consultivo sobre la enfermedad de Alzheimer, 1993).
Otros aspectos relacionados con la investigación
y que comienzan a generar en forma creciente conflictos éticos,
son aquellas investigaciones dirigidas a conocer la causa de la demencia
tipo Alzheimer. Dos áreas de la investigación futura merecen
a nuestro juicio, una atención especial. La primera, relacionada
con la genética de la enfermedad y el descubrimiento de un mayor
número de cromosomas involucrados: el cromosoma 21, el cromosoma
14 y los cromosomas 1, 12 y 19, este último relacionado con la
apolipoproteína E.
Por otra parte, la búsqueda de marcadores biológicos,
y por sólo referirnos a algunos, los hallazgos descritos en la
tomografía axial computadorizada y la resonancia magnética
nuclear referente a la atrofia hipocampal y de otros índices lineales
y de volumen, y los más recientes documentados con la tomografía
de emisión fotónica simple (SPECT) y la tomografía
de emisión de positrones (TEP), que reportan disminución
del flujo sanguíneo y del consumo de oxígeno y glucosa en
los lóbulos frontal y temporal de estos pacientes.
Una investigación reciente, reportaba en personas
homocigóticas para el alelo E4 de la apolipoproteína E,
una reducción del metabolismo de la glucosa en las mismas regiones
del cerebro que en las personas con EA, como una evidencia preclínica
para el desarrollo futuro de la enfermedad.
Será posible, o ya de hecho lo es, conocer la
posibilidad que en un futuro, un sujeto sano, tendrá de padecer
la enfermedad. ¿Es ético informar a un individuo de la posibilidad
futura de padecer tan devastadora enfermedad? Por otra parte, el no hacerlo
podría privarlo de una intervención médica temprana,
encaminada a evitar o demorar la presentación de la enfermedad.
Lo segundo, hasta ahora no ha sido logrado.
El análisis y resolución de estos conflictos
éticos, como son el derecho de los pacientes con deterioro cognitivo
a su autonomía, beneficiencia, no maleficiencia, confidencialidad,
decir la verdad y la justicia deben estar presentes en la práctica
clínica y de la investigación, para proteger a una población
vulnerable.
RELACIÓN MÉDICO-PACIENTE
Y SU ENTORNO SOCIAL
Goeic define le relación médico-paciente,
como una relación interpersonal, es decir entre 2 personas, 2 seres
humanos, 2 personalidades dotadas de inteligencia, libertad, intimidad
y de una historia personal única e irrepetible. En consecuencia,
2 seres dignos de consideración y respeto mutuos en sus respectivos
roles. (Goeic. G. Ética de la relación médico-paciente.
Cuaderno del Programa Regional de Bioética OPS.1992).
En la EA existe un deterioro progresivo de las funciones
mentales superiores, y por tanto de la competencia mental del paciente,
entendida como la capacidad de entender cabalmente su situación
médica y de asimilar toda la información relevante que le
permita tomar decisiones en forma autónoma y coherente.
En este caso, adquiere especial significado la relación
con la familia o con el cuidador del paciente en el caso de tratarse de
una persona ajena a la familia y la propia comunidad. Esta relación
debe contemplar el respeto de los intereses y la autonomía de todos
los involucrados en el encuentro clínico y ser mutuamente participativa.
Esta relación médico-paciente (RMP) es también una
relación técnica, diagnóstico-terapéutica.
Además del respeto y amabilidad, que debe caracterizar la práctica
médica, se necesitan conocimientos científicos que permitan
formular un diagnóstico correcto y prestar ayuda terapéutica
efectiva.11 En tal sentido, encuestas realizadas a personal médico
en nuestro país y en otros países, muestran que un porcentaje
elevado de los médicos de atención primaria e incluso de
la atención hospitalaria, confiesan que sus conocimientos acerca
de las demencias en general y la EA en particular son pobres, de ahí
que tengan dificultades para su diagnóstico, sobre todo en los
estadios iniciales. Este desconocimiento explica que con frecuencia ancianos
deprimidos sean clasificados como dementes, o que se escapen causas potencialmente
curables de demencias, o que se clasifiquen como "arterioscleróticos"
pacientes con demencia senil tipo Alzheimer. Si bien en los curriculum
de estudio del pregrado o incluso del posgrado en algunas especialidades,
las demencias no eran por lo general temas del dominio médico,
el envejecimiento de la población y el impacto de esta enfermedad
en el mundo actual están cambiando estas concepciones. No obstante,
una obligación profesional y ética del médico es
poseer los conocimientos, habilidades y destrezas propias de su profesión.
La ignorancia es el más frecuente argumento con que se justifica
la vulneración de los principios de la ética profesional.
LA RMP no sólo se da en el plano intelectual
y técnico, sino también, en el plano ético y afectivo.
Para su éxito es decisiva la preparación profesional del
médico, pero muy importante es la disposición amistosa y
de ayuda al paciente y su familia y el respeto por su condición.
Un conflicto pudiera surgir en el respeto por la confidencialidad
y la necesidad de divulgar la información en relación con
el diagnóstico. Algunas familias de pacientes dementes se niegan,
en los inicios, a la divulgación de una verdad, que se conocerá
por sí sola. Por suerte, en las dinámicas de grupo con los
familiares y ciudadores, y en los grupos de autoayuda, aprenden a conocer
la importancia de que la comunidad cercana conozca la situación
médica del paciente y con ello evitar la pérdida del enfermo,
ante el olvido del lugar en que vive o comprender sus manifestaciones
conductuales, tales como las ideas de daño y prejuicio, la celotipia
e incluso conductas sexuales inadecuadas. Lo anterior crea un clima de
cooperación y confianza al paciente y familiares, al sentirse que
pueden ser ayudados por la comunidad.
La entrevista médica debe estar dirigida además,
no sólo a conocer los síntomas sino también la personalidad
del enfermo, la repercusión de la enfermedad en el plano psicológico,
y en su medio social, y qué actividades será capaz de asumir.
La entrevista médica se complementa con el examen físico
y la exploración del estado mental.
Existen múltiples escalas conocidas que permiten
obtener una apreciación del grado de deterioro cognoscitivo (Minimental
Test de Folsteins, la escala de deterioro global de Reisberg y colaboradores
(GDS), la escala de comportamiento de Blessed y otras), así como
las llamadas pruebas neuropsicológicas (la escala de inteligencia
del adulto de Weschler, aprendizaje de 10 palabras de luria, el test de
Bender, el cuarto excluido, etc.). En ocasiones, los pacientes son sometidos
a extensas y profundas baterías de pruebas, más con fines
investigativos y de búsqueda de nuevos instrumentos de exploración
neuropsicológica, que lo que realmente se necesita para un diagnóstico
y tratamiento adecuado. En estos casos la entrevista médica pierde
su verdadera esencia humana.
La información obtenida por el médico
en la entrevista y el examen físico le permitirá formular
una hipótesis diagnóstica a priori, que deberá ser
confirmada o refutada, con la ayuda de los exámenes complementarios.
Diversos criterios para el diagnóstico de EA
han sido elaborados, unos de los de más amplio uso son los propuestos
por el NINCDS-ADRDA en 1894.12 De acuerdo con estos criterios el diagnóstico
de EA sólo es definido, en aquellos casos con confirmación
histopatológica, es decir, que en vida sólo podría
realizarse con la toma de una biopsia cerebral (procedimiento cruento).
Por suerte, la mayoría de los médicos e investigadores que
se dedican a la atención de este tipo de pacientes, utilizan este
proceder como diagnóstico sólo en casos extremos. A esta
conducta ayudó, además, los resultados presentados en 1993
por el Proyecto Rochester referentes al estudio de 94 ancianos dementes
y 29 "casos controles", en los que se demostró que la
concordancia del diagnóstico clínico de EA probable, con
el diagnóstico anatomopatológico es alta, aproximadamente
un 88 %. Sin embargo, es conocido, que un número importante de
pacientes con este diagnóstico corresponde a otras causas de demencia
en la edad avanzada como la llamada enfermedad de cuerpos de Lewy, la
demencia del lóbulo frontal, demencia de tipo mixto e incluso vasculares.
Es decir que se necesita desarrollar otros criterios para el diagnóstico
clínico y de métodos de exploración no invasivos,
para diferenciar estos procesos entre sí.
Comprender las dificultades comunicativas experimentadas
por las personas que padecen de EA, así como el estrés y
el sufrimiento de los cuidadores, y establecer líneas de comunicación
que creen cooperación y confianza mutua, deben primar en esta RMP
especial. La relación tan estrecha que se debe establecer con la
familia y los cuidadores, la diferencia, en nuestro criterio, de la que
se establece con otro tipo de pacientes. Si se logra se reducirán
los riesgos psíquicos (sentimientos de soledad, ansiedad, depresión,
culpabilidad, disminución de la autoestima, entre otros) y los
riesgos físicos propios del esfuerzo e incluso de la agresión
del demente, que tanto influyen en su calidad de vida. En el marco de
esta RMP adecuada, puede lograrse además, que el paciente se mantenga
durante el mayor tiempo posible en su medio familiar y social, evitando
así la internación temprana.
CUESTIONES ÉTICO-LEGALES
Determinar la competencia mental de los pacientes con
EA, resulta extremadamente difícil con el decursar de la enfermedad,
si bien han sido elaborados instrumentos útiles al respecto. Quienes
carecen de competencia mental deben ser representados adecuadamente en
decisiones éticas y legales, por la familia más cercana
o por personas jurídicamente nombradas. El médico no es
considerado un representante legítimo del paciente a menos que
haya sido comisionado como tal.
Un conflicto ético puede surgir cuando el médico
debe determinar entre el derecho de un paciente con EA, de obtener o renovar
su licencia de conducción, contra su responsabilidad médica
del bienestar del paciente y la sociedad en su conjunto. En estos pacientes
además de los trastornos de memoria, se produce una afectación
de la atención y de la capacidad para tomar decisiones rápidas,
propias de la conducción de vehículos, que incrementan notablemente
el riesgo de accidente. Es aquí donde una relación médico-paciente
adecuada, será capaz de influir en la decisión personal
de dejar de conducir.
SUMMARY
The investigation of patients with Alzheimer's disease
gives rise to difficult ethical and legal questions due, among other factors,
to the cognitive deterioration of these patients. The main sources of
ethical conflict in this disease may be found in the investigation, clinical
assays, diagnosis, the physician-patient relationship and legal advisory.
The knowledge of doctors and investigators about the ethical principles
of autonomy, non-wrongdoing, beneficence, veracity, justice and reliability
are useful tools in daily practice. Reference is made in this paper to
these ethical principles and their interaction in Alzheimer's disease.
Subject headings: ALZHEIMER'S DISEASE; ETHICS, MEDICAL;
RESEARCH; PHYSICIAN-PATIENT RELATIONS; DIAGNOSIS; LIABILITY, LEGAL.
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